LAS ISLAS INVENTADAS

martes, 2 de febrero de 2016

A JACK LONDON (Poema)



A JACK LONDON


¡El silencio blanco
es el todo y es la nada!

Aullando a la Luna
sobre las soledades
sempiternamente frías
del norte de la  tierra,
como un prefacio
permanente,
y dantesco, de ojos
y de colmillos brillantes,
desafiando a la helada,
acompasadamente,
en un corro perfecto…
Danza la manada.

La naturaleza desnuda,
fiera y brutal, se refleja
espléndida y veraz
en los ojos de los lobos.

¡El silencio blanco
es el todo y es la nada!

la noche permanece quieta
es un lugar para el olvido
lleno de pupilas,
de hielo, de sigilo
permanente,
de noches eternas,
y de aullidos…

Es el silencio blanco
un lugar hermoso,
para recordar en la vejez,
junto al fuego,
un sitio lleno de paz,
de silencio atormentado,
de inmutable noche,
de auroras boreales
y de aullidos.

No ha lugar para el consuelo
sopló el viento del norte
al trineo lo cubrió la nieve
y murió el último perro.

El espectro de Jack London
revive en la penumbra
se centuplica y se dispersa,
y tomando notas,
corre y zigzaguea
por la blanca tundra…

Se apagó la última brasa.
el hombre por fin
se duerme,
antes, ya, la muerte
le sopló los parpados
y le besó las manos.

Proyectando su sombra
sobre el claro suelo,
hacia la lobera,
el jefe camina cabizbajo
seguido por los suyos.
Mientras la noche,
calladamente,
se recoge y se envuelve,
y se cobija,… dentro
del blanco silencio.


2 comentarios:

  1. Me encanto ese libro. Lo recuerdo como si lo hubiese leído ayer. London desde luego sabía escribir y era un hombre de acción. Encontró en Alaska su filón literario.
    Comparto con mucho gusto Silvilio.
    Un fortísimo abrazo.

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  2. Si, amiga mía tú los dicho, "encontró su filón literario", que le reportó mucho más que si hubiera encontrado una gran beta de oro en el Klondike, cierto fue, que el fue uno de tantos que fueron tras la fiebre del oro, oro que no encontró jamás, lo que casi encuentra es la muerte a causa del ercorbuto.Pero, ciertamente, aquel invierno que pasó en una cabaña en medio del Yukón escuchando las historias de los viejos cazadores de pieles y de algunos buscadores de oro, quizá en medio de la fiebre, le hizo regresar con las alforjas repletas de historias... historias que nos han hecho mirar la naturaleza de un modo diferente... bella, verás, brutal, con sus leyes propias, una verdad más para respetarla, una verdad más para amarla con todas sus consecuencias...
    Jack London es uno de mis autores favoritos...
    Muchísimas gracias, Marybel. Un abrazo enorme!!!

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