LAS ISLAS INVENTADAS

jueves, 3 de marzo de 2016

La silla eléctrica (Poema)
























La silla eléctrica

¡Ah... la justicia!
A veces: tan justa
implacable y ciega,
otras: tan turbia y excelsa.

Espera... la silla.
¿Quién es el reo?
¿Quién es la víctima?

Que sola, la veo.
Aguarda,... la silla.
Tan pulcra, tan intima.

Con sus brazos abiertos,
aún espera paciente,
y pensando en sus muertos...
le llega el siguiente.

Espera,... la silla.
Su sola presencia,
impone un respeto,
no hay sentimiento,
ni existe indulgencia,
sus cables y voltios,
ni sienten, ni piensan.



2 comentarios:

  1. Pues sí, no hay indulgencia alguna en ella. Un gran poema contra la controvertida pena de muerte que comparto con el mayor de los gustos, Servilio.

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  2. Muchas gracias, querida Maite, es verdad que hace tiempo que no se emplea esa forma tan barbara de ejecutar, como es la silla eléctrica, sin embargo se sigue ejecutando, matando de forma institucionalizada... Un gran abrazo amiga!!!

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